Doña Montaña la Pedorra.
Como dicen todos los cuentos, háganse de cuenta que una vez: Estaba yo sacándome un delicioso moco, a mitad del bosque, cuando redepente se me apareció mi amiga lilubertha, (una libélula con casco de astronauta) y me contó una pequeña historia para el corazón.
Comenzó diciéndome de Un lugar extraño llamado Revés, ubicado más o menos en la tercera galaxia a la izquierda del sol, después de la estrella con tres pelitos.
Donde las cosas eran algo diferentes, pero parecidas a donde los humanos vivimos.
Existían seresitos raros, con alas de ocho mil bracitos y ojos… grandes, grandes, pero ¡muuuy grandes! que como en la tierra, había de todos colores, idiomas, culturas y preferencias.
Pues resulta que la historia se sitúa en una montaña ruidosa, de nombre doña montaña la pedorra. Que a sus faldas vivía una tribu llamada, Moco.
La tribu Moco era una aldea poblada de seres pequeños de estatura, pero grandes de ¡corazón!
También tenían habitantes chimuelos… ósea que sus dientes los cambiaban por sueños con el señor del sol.
Un día Doña montaña la pedorra andaba caminando con una gorra muy cotorra, al ratito de seguir caminando se encontró con un lago, de esos que tienen agua y al verse reflejada le dio tanta risa su gorra, que sin pensarlo: Puuumm!! Zacarracatelas! Fuchila! Jajaja. Se le salió un punsototote.
Lo malo era que asustó a todos los habitantes de Mocolandia…
Y ellos gritaron:
-¡Corran!! Tápense sus bocas, y narices...¡vuelen lo más lejos posible!, escóndase debajo de los árboles, que ¡huele horrible!!!
Todos en la comunidad se alejaron.
Por la tarde los Mocos, escucharon sollozar a doña montaña…pero los estruendosos sonidos y olores penetrantes que salian de sus rocas, eran demasiado fuertes para ellos…
Entonces los mocos, moquitos y mocotes, convocaron a una reunión para sacar acuerdo, pues los punes de doña montaña olían muy feo, pero tampoco podían dejarla sola, ni criticarla siempre por solo echarse punes.
Ya en reunión unos dijeron: Es que huele Horrible.
Un moco dijo: A mí se me sale el moco de la risa,
Y otro le respondió: ¿Cómo que se te sale el moco si tú eres un moco? ¿Ósea que tienes hijitos?
Entonces el moco que se le salía el moco, ya no entendió nada porque se hizo bolas… como quien dice era un moco hecho bola, y ya mejor no dijo nada y se pegó a su silla como todo buen moco.
Y la reunión siguió.
Total que a alguno de ellos se le ocurrió decir que para no hacer sentir mal a doña montaña, y tampoco seguir llorando de los malos olores, le iban a pedir acuerdo a doña que sacara sus punes del otro lado del cerro para que no les oliera mal su comunidad.
Y si por alguna razón se le escapaba uno que otro pun, ellos iban a estar preparados con tapabocas/antipunes.
Pues total que sacaron el acuerdo y todos estuvieron felices, para convivir juntos como hermanos con o sin punes.
Esta mocohistoria continurá…
1 comentarios:
Eres un niño, con corazón puro y un gran sentido del humor. lo que escribes, me llena de sonrisas mi esencia.
Gracias por compartirnos esta historia de reflexión y acuerdo.
La lucha sigue y que mejor que junto a ti...
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